A largo plazo, los incentivos de la sociedad y los accionistas están alineados. Una empresa que mantiene relaciones saludables con sus comunidades y trabajadores, que se preocupa de identificar y gestionar sus impactos, y que tiene órganos de dirección diversos y bien informados de los temas materialmente relevantes, es más resiliente frente a las crisis y genera más valor en el largo plazo.
Desde los años ‘80 el profesor Edward Freeman desarrolló la teoría de los grupos de interés para demostrar que las empresas que tienen mejores relaciones con su entorno son más duraderas (Freeman, Strategic Management- A Stakeholder Approach, 1984)
Recientemente, el profesor de Harvard, Robert Eccles, ha demostrado que, en el largo plazo, las empresas sostenibles tienen mejores desempeños bursátiles que las empresas que no lo son, lo que es coherente con el alto flujo de inversiones que han captado las empresas que tienen altos estándares de ESG, o el éxito de instrumentos de financiamiento sostenibles como bonos verdes u otros similares que buscan potenciar el desarrollo de negocios sostenibles.
Incluso, nuevos estudios destacan que las empresas que gestionan aquellos temas de la sostenibilidad que son más relevantes (factores materiales), tienen un desempeño financiero notoriamente más alto que las empresas que no gestionan adecuadamente dichos factores
Balance de los factores sociales, ambientales y de gobernanza
El adecuado balance de los tres pilares está en el centro de la sostenibilidad. Sin embargo, muchas veces no resulta fácil mantener el “balance”, especialmente cuando los incentivos y el sistema de mercado, en general, propenden a la maximización de las utilidades, incluso a costa de las condiciones ambientales o sociales del entorno.
Balancear implica un cierto equilibrio: “disponer y hacer que algo no exceda ni supere a otra cosa, manteniéndolas proporcionalmente iguales”.
La aspiración de la sostenibilidad es que haya una justa distribución de las cargas y los beneficios en los ámbitos ambientales, sociales y económicos, de manera que la acción de la empresa pueda mantenerse en el largo plazo.